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Poemas a mi abuelita

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1.

Paso delante de la habitación
y veo la cama vacía.
Ya no está
el angelito que allí dormía.
Siento peso en el corazón
y sólo es el primer día.
Cuánto te echaré de menos,
abuelita, abuelita mía.

2.

Echo de menos tu sonrisa,
esa sonrisa viejita.
Te oigo arrastrar los pies,
andares de ancianita.
Pero no abres la puerta,
ni entras asustadita
de esa noche tan oscura,
que asusta a la abuelita.

No entra nadie, hay silencio,
esa no era mi viejita.
No volverá a asomar,
su inocente cabecita.
No te puedo consolar,
consuélame tú, abuelita.

3.

Mi niña de noventa y cinco años,
¿dónde te has ido, por qué me has dejado?
La más inocente, la más pura, la mayor dulzura.
Se acabó, se acabó… ya se ha marchado.

4.

¡Qué injusta sería la vida, si no hubiera resurrección!
Si me muriera yo poco se perdería…
Pero que te mueras tú… ¡Eso no lo entendería!

5.

Se había hecho tan pequeña, tan dulce, tan frágil, tan pura, tan necesitada…
Que enamoraba.
A más pequeña, más amor suscitaba.
A más dulce, más amor suscitaba.
A más frágil, más amor suscitaba.
A más pura, más amor suscitaba.
A más necesitada, más amor suscitaba.
Tanto, que te asustaban sus temores, te angustiaban sus angustias y te dolían sus dolores,
y querías comer con ella, pasarle la servilleta y decirle que se limpiara la barbilla de colores…
y es que hacía que lo que hacía,
siendo cosas normales,
por hacerlas ella,
fueran especiales.

6.

De su vida se dirán cosas heroicas y ciertas.
Mas yo me quedo con sus últimos días,
cuando estaba desvalida
y más pura fue su tristeza
y más pura su alegría.
Cuando dejó de ser abuela
y se convirtió en abuelita.

7.

Jugar al yo-yo y al dominó y cantar canciones sencillas.
Comer cualquier cosa que fuera blandita, que no estuviera muy caliente, ni tampoco muy fría.
Quedarse dormida en cualquier sitio y a una hora cualquiera.
Asustarse como una niña indefensa y buscar consuelo en el primero que hubiera,
el primero que hubiera y la quisiera.
Mirar por la ventana y comentar sorprendida la cosa más trivial.
Sonreír con amor…
Y reír de corazón.

8.

Cuando se pierde la juventud,
Cuando se pierde al esposo,
Cuando se pierde la memoria,
Cuando se pierde la razón,
Cuando se pierde la fuerza,
Cuando se pierde la salud…
Cuando todo se desvanece, sólo queda el amor y el amor de Dios.
Amar y ser amado. Eso es todo. Eso basta.
Esa fue tu lección.

9.

Ser de luz, fuente de vida,
santa cristiana desvalida.
Te quiero, abuelita.

10.

¿Quién me dará esos besos y después esas tortitas?
Tortitas de abuelita, que en realidad son caricias.

11.

Aún veo su cabecita asomar por la puerta,
sus canas y su piel de vieja,
su mirada y su sonrisa de niña,
sus pasitos torpes y lentos, de tortuguita.
Me mira y se alegra al verme:
¡qué bendición y qué honor!

12.

¿Por qué era tan importante la sonrisa de mi abuela?
Porque no tenía mucho más que darte,
y al dártela te lo daba todo.

13.

Dolor. Dolor dulce y tierno.
Cada día fuiste un regalo del cielo,
cada día, una bendición de Dios,
y ahora que ya te has ido
soy un rico que se arruinó,
lo tenía todo y lo perdió.

14.

Pasa caminando despacito,
pequeña y silenciosa,
poca cosa.
Más tras ella va un mar,
grande como el mayor:
un mar de amor.

15.

La sencillez más compleja del mundo.
La debilidad más fuerte que los fuertes.
Lo simple elevándose por encima de lo complejo, mirándolo con una sonrisa, casi despreciándolo…
El amor en la mirada que confía. Una mirada limpia.
Una sonrisa capaz de aplacar cualquier ira.
La infantil inocencia de una anciana.
¡Si pudiera explicarlo! ¡Si pudieran entenderlo, abuela!
El pequeño mundo elevándose por encima del gran mundo, mirándolo con una sonrisa, casi despreciándolo…
La paz de las estrellas…
El minúsculo poder de Dios venciéndolo todo, aturdiendo sin hacer ruido, doblegando voluntades sin imponer nada, conquistando corazones que se rinden sin presentar batalla.
Una mañana más que te despiertas, una mañana más que me das dos besos.
La razón del amor superando a la razón de la razón, razón torcida e incapaz que explica bagatelas como el origen del Universo, pero no el cariño de una abuela.
Un abrazo, un beso, una sonrisa, una caricia… La paz en el corazón atribulado y un “hala ya”, y a otra cosa mariposa. ¡A ver quién es el guapo que explica eso!
Pero hay un día en el que hay un momento, ¡ay!, que se esfuma… y los dos besos se quedan sin dar. En un momento. Un momento de noventa y cinco años que se va de buena mañana y ya no vuelve.
Y el cadáver descansando en paz. La arruga es bella, mi querido recuerdo arrugado y feliz.
¿Y si el sentido de la vida fuera cuidar de una anciana?
Cómo me reiría de los que hacen complejos planes para dominar el mundo.
Cómo de los que sueñan con grandes gestas…
y de los fuertes y poderosos
y de los sabios, de los listos y de los que se esfuerzan por mil cosas…
cómo me reiría de toda la técnica del mundo, de las leyes y las modas y de los políticos y sus arcoíris, arcoíris que ya no representan la paz y se envuelven en cadenas que llaman libertades…
Cómo me reiría de mi propia estupidez.

16.

Cuando estemos en el cielo correremos.
Yo sin mi silla.
Tú sin el tacataca que tanto te gustaba.
Tranquila, no te vas a caer. Tendremos alas.
Ve practicando mientras me esperas. Dile al abuelo que te enseñe.
Yo a lo mejor tardo un rato. Es que no sé cuánto me queda aquí.
Y luego el purgatorio. Creo que es ese sitio en el que no has estado ni cinco minutos. A mí me va a tocar un poco más, me temo, así que tardaré.
Ten paciencia, un día podremos correr.

17.

No es que los ancianos se vuelvan niños,
es que el hombre siempre es un niño,
es que el joven cree poder disimularlo
y el maduro fue engañado por el joven…
Pero el anciano… ¡Ja! Al anciano ya no hay quien le engañe. Sabe que es un niño y no lo esconde.

18.

No quiero mirar atrás, abuela.
Te guardaré siempre en el corazón.
Ruego a Dios no olvidar jamás tu ternura, no olvidar estos últimos años.
Pero no puedo seguir mirando atrás.
Te pido que te sitúes en el futuro:
que me ayudes a vivir,
que me ayudes a amanecer.
Quiero cantar canciones de alegría,
canciones que este mundo necesita.

19.

Diecinueve lustros,
toda una vida,
sólo un instante.
Me guardo tu amor
en la mochila
y sigo adelante…
¿vale?

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3 Comments

  1. Precioso. Siempre me causa admiración aquellas personas que sabéis reflejar las ideas y los sentimientos en un papel (o en una pantalla), quizá porque yo soy incapaz.
    Gracias

  2. Me has emocionado Guillermo.
    Que Dios te conserve esa sensibilidad tan humana.
    Un fuerte abrazo para tí y para tu familia

  3. Gracias

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